Niebla. Mire a donde mire solo veo blanco. Es húmeda, fría, espesa y, sobre todo, blanca.
Aunque no siempre fue así. En mi viaje siempre hubo un camino ancho, definido, bien cuidado y señalizado; recuerdo tramos con casas a los lados, y a veces, incluso caminé sobre asfalto (aunque de eso, hace ya mucho). En entornos como ese, te podías permitir disfrutar del paisaje, hacer fotos, llamar a casa desde alguna cabina, coger alguna florecilla... era un viaje con encanto.
Un buen día, todo empezó a cambiar: no entendía los letreros, el camino era más tortuoso de lo normal, mas estrecho y salvaje. Intenté buscar el lado bueno (el cual ya no recuerdo), pero el frío me calaba hasta los huesos y no podía pensar, sólo avanzaba hacia una oscuridad cada vez más aterradora.
Pero... ¿Por qué seguir? Sólo la incertidumbre me esperaba, y tengo entendido que no es buena compañera de viaje, llega sin avisar y te hace la puñeta siempre que puede (un verdadero "encanto"). Y sin embargo mis pies avanzaban como si ya conocieran el camino, como si hubieran estado allí antes. ¿Acaso sabían algo que a mi se me escapaba? ¿Eran mis pies más astutos que yo o simplemente mi sentido común había huido de mis pensamientos derrotistas escondiéndose en el lugar más insospechado de mi cuerpo?
Sin apenas notarlo, la niebla mas densa que haya visto jamás me rodeó por completo en cuestión de segundos; paré en seco, no veía mas allá de la punta de mi nariz. Y así estoy ahora, recordando el pasado y temiendo el futuro. Tampoco puedo ver a mis compañeros de viaje, ni siquiera sé si siguieron el mismo sendero que yo. Así que no se donde estoy yo, ni donde están los demás, y con una ligera sospecha de donde está mi sentido común. Puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que jamás he estado tan perdida.
Es en situaciones como estas en las que descubres que tipo de persona eres: valiente (si respiras hondo y simplemente avanzas), precabida (si avanzas tanteando con el pie, con los ojos cerrados y en posturas cada vez mas extrañas para no avanzar mas de un metro por minuto), ingenua (si te quedas parada esperando que se resuelva por si solo), estúpida (si te da la neura y empiezas a correr hacia la niebla como alma que lleva el diablo) o cobarde (si das media vuelta y te largas).
Aún estoy pensado que tipo de persona seré, lo que me convierte en Indecisa: no avanzo, no por miedo a lo que podría haber sino por miedo a equivocarme en un punto en el que rectificar resulta, cuanto menos, imposible. Siempre me ha costado mucho tomar decisiones, por muy fáciles que parecieran. Preguntas como ¿y tu que vas a tomar? o ¿a donde vamos ahora? siempre me han supuesto un dilema, lo que me ha hecho bastante experta en realizar mentalmente listas de pros y contras; aunque tiendo a centrarme en lo segundo, porque suele ser más molesto que agradable lo primero. Al final, suelo elegir el mal menor. Pero este caso es diferente. No puede haber mal menor, ni errores de cálculo, ni decisiones tomadas en base a condiciones inadecuadas.
Niebla. No ha variado desde que llegó, y no puedo decir cuando porque no veo mi reloj. Niebla. Aislada, sigo pensado en mis escasas posibilidades de salir de allí. Niebla. Agitar los brazos no mejora las cosas, pero al menos no las empeora. Niebla. Me estoy hartando de la dichosa niebla. Niebla ¿Es cosa mía o puedo verme los pies?
Este repentino cambio me anima a avanzar algunos pasos, poniendo toda mi atención en todo lo que esté en mi recién estrenado campo de visión. Pero mis otros sentidos me avisan de algo: el ruido ambiental tiene eco y hay mayor humedad en el ambiente, y huelo a ... ¿que es eso?. Ahora no hay duda, lo que oigo es un torrente de agua entre las rocas, ¿un río? ¿a que distancia?. El terreno es cada vez más irregular, sin rastro de que por ahí hubiera existido un camino alguna vez. Intento ubicar un río en los alrededores de mi itinerario.
Como quien se despierta de un sueño, la niebla se disipa. Esto no me lo esperaba. Rocas rojas y escarpadas se descubren ante mi, y un poquito mas abajo el vacío. Estoy en el mismo borde de un cañón, cuya altura no puedo determinar porque la niebla tapa todo lo que hay por debajo de los 20 metros, aunque en la lejanía se escucha el débil murmullo del río que, seguramente, reposa al fondo.
Para evitar mareos o tropezones desafortunados, decido sentarme en el límite de la pared. Parece un lugar muy tranquilo, y resulta extrañamente fácil olvidarse de las preocupaciones, los planes y las listas de pros y contras. Hipnotizada, miro al otro extremo del desnivel durante mucho, mucho tiempo; pasan las horas y soy incapaz de apartar la mirada de ese punto.
Allí hay algo, una sombra que aparece y desaparece de vez en cuando, pero cada vez con más frecuencia. No aparto la mirada, no quiero perderme lo que sea que haga eso, y que ahora está fijo en un punto justo delante de mí. Tiene una cierta apariencia humana ¿un leprechaun? ¿David, el gnomo? No, tiene una forma que me resulta familiar ¿algún conocido? Esperando ver algún signo que me de la pista definitiva, advierto que tiene silueta de mujer. Ahora que me fijo tiene el pelo negro, con algunos reflejos extraños; y de su cara sólo puedo distinguir una cosa: está sonriendo. No se mueve, solo me mira y sonríe ... no, espera, no sonríe, se ríe. Oigo su risa al rebotar en las paredes que nos separan. Definitivamente se lo está pasando en grande, pero sigo sin poder ver su cara.
Como por arte de magia, en sus manos aparece una pizarra en la que empieza a escribir algo. Me lo muestra por encima de su cabeza: "Se todo por lo que estás pasando, y se como te sientes." ¿de que me conoce y porqué cree saber tanto de mi? La siguiente pizarra: "Yo pasé exactamente por lo mismo que tú y sigo viva." Bueno, esto ya me está mosqueando ... "No es tan malo como parece, creeme." Ya, puede que ella también estuviera perdida, pero ya se ha encontrado y yo no. "Lo importante es tomar una decisión y serle fiel." Lo dicho, no tiene ni idea de lo que está hablando, un paso en falso y... chof. "Algún día, cuando mires hacia atrás, podrás reírte de todo esto." Como tú, ¿no? Vaya, que extraño me resulta todo esto.
De repente una sensación, como de ojos inquisidores clavándose en la nuca, me asalta. Algo dudosa giro la cabeza, y me encuentro a todo el mundo (y cuando digo todos, me refiero a T-O-D-O-S). Mis compañer@s de viaje, mis amig@s, mi familia ... todos me miran y me sonríen como queriendo decirme algo. No puedo negarme, al menos no delante de todos ellos. No me emociona demasiado, pero sólo me queda una opción y me agarro a ella sin pensarlo mucho (para arriesgarse no es necesario pensar). Retrocedo unos pasos y, por fin, salto con todas mis fuerzas. Mientras me elevo no oigo nada; es solo cuando empiezo a descender cuando consigo distinguir los gritos de ánimo y esperanza.

Aunque no siempre fue así. En mi viaje siempre hubo un camino ancho, definido, bien cuidado y señalizado; recuerdo tramos con casas a los lados, y a veces, incluso caminé sobre asfalto (aunque de eso, hace ya mucho). En entornos como ese, te podías permitir disfrutar del paisaje, hacer fotos, llamar a casa desde alguna cabina, coger alguna florecilla... era un viaje con encanto.
Un buen día, todo empezó a cambiar: no entendía los letreros, el camino era más tortuoso de lo normal, mas estrecho y salvaje. Intenté buscar el lado bueno (el cual ya no recuerdo), pero el frío me calaba hasta los huesos y no podía pensar, sólo avanzaba hacia una oscuridad cada vez más aterradora.
Pero... ¿Por qué seguir? Sólo la incertidumbre me esperaba, y tengo entendido que no es buena compañera de viaje, llega sin avisar y te hace la puñeta siempre que puede (un verdadero "encanto"). Y sin embargo mis pies avanzaban como si ya conocieran el camino, como si hubieran estado allí antes. ¿Acaso sabían algo que a mi se me escapaba? ¿Eran mis pies más astutos que yo o simplemente mi sentido común había huido de mis pensamientos derrotistas escondiéndose en el lugar más insospechado de mi cuerpo?
Sin apenas notarlo, la niebla mas densa que haya visto jamás me rodeó por completo en cuestión de segundos; paré en seco, no veía mas allá de la punta de mi nariz. Y así estoy ahora, recordando el pasado y temiendo el futuro. Tampoco puedo ver a mis compañeros de viaje, ni siquiera sé si siguieron el mismo sendero que yo. Así que no se donde estoy yo, ni donde están los demás, y con una ligera sospecha de donde está mi sentido común. Puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que jamás he estado tan perdida.
Es en situaciones como estas en las que descubres que tipo de persona eres: valiente (si respiras hondo y simplemente avanzas), precabida (si avanzas tanteando con el pie, con los ojos cerrados y en posturas cada vez mas extrañas para no avanzar mas de un metro por minuto), ingenua (si te quedas parada esperando que se resuelva por si solo), estúpida (si te da la neura y empiezas a correr hacia la niebla como alma que lleva el diablo) o cobarde (si das media vuelta y te largas).
Aún estoy pensado que tipo de persona seré, lo que me convierte en Indecisa: no avanzo, no por miedo a lo que podría haber sino por miedo a equivocarme en un punto en el que rectificar resulta, cuanto menos, imposible. Siempre me ha costado mucho tomar decisiones, por muy fáciles que parecieran. Preguntas como ¿y tu que vas a tomar? o ¿a donde vamos ahora? siempre me han supuesto un dilema, lo que me ha hecho bastante experta en realizar mentalmente listas de pros y contras; aunque tiendo a centrarme en lo segundo, porque suele ser más molesto que agradable lo primero. Al final, suelo elegir el mal menor. Pero este caso es diferente. No puede haber mal menor, ni errores de cálculo, ni decisiones tomadas en base a condiciones inadecuadas.
Niebla. No ha variado desde que llegó, y no puedo decir cuando porque no veo mi reloj. Niebla. Aislada, sigo pensado en mis escasas posibilidades de salir de allí. Niebla. Agitar los brazos no mejora las cosas, pero al menos no las empeora. Niebla. Me estoy hartando de la dichosa niebla. Niebla ¿Es cosa mía o puedo verme los pies?
Este repentino cambio me anima a avanzar algunos pasos, poniendo toda mi atención en todo lo que esté en mi recién estrenado campo de visión. Pero mis otros sentidos me avisan de algo: el ruido ambiental tiene eco y hay mayor humedad en el ambiente, y huelo a ... ¿que es eso?. Ahora no hay duda, lo que oigo es un torrente de agua entre las rocas, ¿un río? ¿a que distancia?. El terreno es cada vez más irregular, sin rastro de que por ahí hubiera existido un camino alguna vez. Intento ubicar un río en los alrededores de mi itinerario.
Como quien se despierta de un sueño, la niebla se disipa. Esto no me lo esperaba. Rocas rojas y escarpadas se descubren ante mi, y un poquito mas abajo el vacío. Estoy en el mismo borde de un cañón, cuya altura no puedo determinar porque la niebla tapa todo lo que hay por debajo de los 20 metros, aunque en la lejanía se escucha el débil murmullo del río que, seguramente, reposa al fondo.
Para evitar mareos o tropezones desafortunados, decido sentarme en el límite de la pared. Parece un lugar muy tranquilo, y resulta extrañamente fácil olvidarse de las preocupaciones, los planes y las listas de pros y contras. Hipnotizada, miro al otro extremo del desnivel durante mucho, mucho tiempo; pasan las horas y soy incapaz de apartar la mirada de ese punto.
Allí hay algo, una sombra que aparece y desaparece de vez en cuando, pero cada vez con más frecuencia. No aparto la mirada, no quiero perderme lo que sea que haga eso, y que ahora está fijo en un punto justo delante de mí. Tiene una cierta apariencia humana ¿un leprechaun? ¿David, el gnomo? No, tiene una forma que me resulta familiar ¿algún conocido? Esperando ver algún signo que me de la pista definitiva, advierto que tiene silueta de mujer. Ahora que me fijo tiene el pelo negro, con algunos reflejos extraños; y de su cara sólo puedo distinguir una cosa: está sonriendo. No se mueve, solo me mira y sonríe ... no, espera, no sonríe, se ríe. Oigo su risa al rebotar en las paredes que nos separan. Definitivamente se lo está pasando en grande, pero sigo sin poder ver su cara.
Como por arte de magia, en sus manos aparece una pizarra en la que empieza a escribir algo. Me lo muestra por encima de su cabeza: "Se todo por lo que estás pasando, y se como te sientes." ¿de que me conoce y porqué cree saber tanto de mi? La siguiente pizarra: "Yo pasé exactamente por lo mismo que tú y sigo viva." Bueno, esto ya me está mosqueando ... "No es tan malo como parece, creeme." Ya, puede que ella también estuviera perdida, pero ya se ha encontrado y yo no. "Lo importante es tomar una decisión y serle fiel." Lo dicho, no tiene ni idea de lo que está hablando, un paso en falso y... chof. "Algún día, cuando mires hacia atrás, podrás reírte de todo esto." Como tú, ¿no? Vaya, que extraño me resulta todo esto.
De repente una sensación, como de ojos inquisidores clavándose en la nuca, me asalta. Algo dudosa giro la cabeza, y me encuentro a todo el mundo (y cuando digo todos, me refiero a T-O-D-O-S). Mis compañer@s de viaje, mis amig@s, mi familia ... todos me miran y me sonríen como queriendo decirme algo. No puedo negarme, al menos no delante de todos ellos. No me emociona demasiado, pero sólo me queda una opción y me agarro a ella sin pensarlo mucho (para arriesgarse no es necesario pensar). Retrocedo unos pasos y, por fin, salto con todas mis fuerzas. Mientras me elevo no oigo nada; es solo cuando empiezo a descender cuando consigo distinguir los gritos de ánimo y esperanza.


3 comentarios:
Es tan espesa que no podremos jurarlo, pero sospecho que no estarás sola. Junto a ti encontrarás más gorilas en la niebla.
¡Ánimo! ¡Esperanza!
Y al caer se te nublo la vista por el sol que en esos momentos pasaba por debajo de la pata del elefante, el borde del Mundodisco se alejo lentamente, y todo el universo se puso a tus pies por que ya no tenia sentido seguir en ese trozo de pizza al que llamabamos hogar...
Hola guapa!! Entro bastantes veces en tu blog, pero nunca me decido a poner ningún comentario. Sin embargo, al leer esta pequeña narración me ha recordado mucho a mí, con la única diferencia de que yo sí soy cobarde y nunca salto. Estas lecciones de vida tan importanes sólo las puede dar gente buena, y muy valiente, como tú. Te deseo todo lo mejor.
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