viernes, 14 de noviembre de 2008

365 (366 si es bisiesto)

"¡Se me ha pasado el año volando!"
Curiosa expresión, siempre la decimos en fechas señaladas; que es exactamente el momento en el que somos más propensos a las retrospectivas. Analizas donde estabas el año pasado por estas fechas, como eras, qué hacías y qué no hacías; y te sorprendes a ti misma frente a la laguna temporal que es tu memoria entre esa fecha y el presente. Intentas averiguar cómo es posible que un año entero se te haya escapado de las manos como un pez vivito y coleante cerca del agua: lo único que te deja son restos de escamas. Pequeños flashes, retales de recuerdos aparentemente inconexos; y te los quedas mirando con cara de "¿No falta algo?". Y ellos te responden como sólo ellos saben, con silencio (con recuerdos, no cacatúas).

Esa sería la segunda fase del modus operandi de la Nostalgia del cumple. La primera (casi se me olvida), que surge justo antes de la frase que encabeza este escrito, es un complejo sentimiento que abarca todo lo abarcable entre la felicidad de tener algo que celebrar (con el añadido de algún detallito familiar) y la depresión de ser un año más vieja.

Un año más vieja... otra curiosa frase hecha que es un filón para los razonamientos infructuosos. Cada segundo que pasa, se es un segundo más viej@; y la misma regla se puede aplicar a los minutos, las horas, los instantes o cualquier otra medida de tiempo que se nos ocurra (pestañeos, el canto de un gallo, periquetes, etc. Hay un montón). Contamos fiestas, primaveras, nevadas. Sin embargo es el año (o el conjunto de años) el que nos causa una mayor impresión. Y es algo meramente cultural. El año es esa medida mágica de 365 días (366 si es bisiesto) sin el que la vida sería muy diferente. Pero este no es el tema que nos ocupa.

La tercera fase es ese maravilloso momento "Hay que celebrarlo", en el que tienes que hacer malabares entre los espinosos a la par que interesantes temas dinero y amigos. Un tema peliagudo en el que nadie querría entrar, al menos nadie que no quisiera que la gente dejara de hablarle. Digamos simplemente que al final siempre es el bolsillo el que acabará templando.

Después, te sumerges en una fase indefinida en la que toda cara con la que te encuentras durante el día te dirige una amplia sonrisa y te suelta:
"¡¡Felicidades!! (Muak, Muak) Espera que te tiro de las orejas. Eran XX ¿no?. 1 (ouch), 2 (ouch), ... XX (ouch), 1 de regalo (ouch) y 1 de propina (ouch-ahhhhgrlfsz)"
seguido de todas las variantes posibles (que yo misma he utilizado más de una vez) del tipo:
"Un año más vieja, ¿eh?"
"¿Como te sientes con un año más?"
"Es ahora cuando se empiezan a necesitar cremitas para la cara"
"¿XX? Yo pensaba que tenías YY" (Siendo YY = XX + 'valor comprendido entre 2 y 7')
y el maravillo e incomprendido:
"Eres de la misma edad que mi herman@ mayor/prim@ mayor/ti@"
Este periodo puede alargarse hasta varios días o incluso un par de semanas; ofreciendo un completo abanico de posibilidades sentimentales dependiendo de quien se acuerde y quien se olvide comentarte algo al respecto de esa fecha grabada a fuego en tu mente.

Y por último, pero no por ello menos importante, la etapa desilusoria (me mola el nombre, así que al primero que me diga que esa palabra no existe, le esperan terribles experiencias). Comienza en el preciso instante en el que te das cuenta de que ya no es tu día; son más de las 12 de la noche y tu momento ha expirado. Sentimientos contradictorios te invaden antes de darte cuenta de que es tarde, tienes sueño, y además te da igual, porque dentro de un año el ciclo se completará de nuevo y todo se repetirá (aunque de manera diferente).

Y te sumerges lentamente en el mundo de lo imposible deseando que no pase el tiempo. Seguramente la noche, los días, los meses, el año, ... pasarán sin que te des ni cuenta.

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