"Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios". Esto decía el poeta Alexander Pope allá por el siglo XVIII en Londres. Muy similar es ésta frase que Juan Luis Vives escribió un par de siglos antes: "Propio de todo hombre es el errar. Pero de nadie, sino del necio, el mantenerse en el error". Como éstas, hay muchas otras citas y refranes donde se minimiza la importancia de meros equívocos siempre que sepamos aceptarlos con humildad.
Pero, ¿a donde quiero llegar? Pues a que últimamente estoy inmensamente familiarizada con los errores. Y no es porque me equivoque más que la media (tampoco menos... desconozco los datos empíricos); sino que el reciente descubrimiento de un dato me ha dado mucho que pensar sobre el tema.
La situación es la siguiente:
Infancia (concretamente entre la primera palabra y la lectura del Señor de los Anillos de Tolkien); momento en el que aprendemos las palabras mas sencillas y también las mas curiosas, las que nos llenan la boca y las que no debemos decir (al menos delante de papá y mamá), las que decimos entre risitas y las que no nos importaría oír una vez mas. No son todas las palabras, pero si unas cuantas. En esa vorágine de aprendizaje continuo, pueden pasar muchas cosas. El cerebro es una esponja; una esponja que lo absorbe todo a su paso; y esto no es siempre bueno, ya que ordenar después lo que tiene dentro puede ser una tarea complicada.
En esas estaba yo, ordenando mis ideas, cuando me encuentro con una palabra nueva: Arreciar. Suena estupendo (pienso); me recuerd
a a barcos piratas, tesoros, tormentas aterradoras, y a muchas otras cosas con muchas erres. Aarrrr! Me encanta. Sin embargo, ¿que quiere decir?. Como siempre en aquella época, presto mucha atención a los contextos en los que se usa cada vez que mi oído capta su sonido; en este caso suelen ser películas "antiguas", libros de aventuras y algún que otro comentario en familia. Hubiera sido mucho mas sencillo y menos costoso para mi mente coger un diccionario, buscar el 'palabro' y memorizarlo; pero yo no hacia as
í las cosas. El camino tortuoso parecía mucho mas atractivo... (o tal vez era pereza) Y así, formé en mi cabeza el concepto equivalente a la palabra arreciar, sus usos y derivaciones mas y menos comunes. No se basaba en su raíz o estructura, o en su origen lingüístico. Era pura intuición.
Lo que no sabía en ese momento, y durante muchos años después, era que lo había entendido todo al revés. Como el ciudadano que se compra un cuadro abstracto en un alarde de modernidad y a la hora de colgarlo lo pone boca abajo; así estaba yo con una palabra boca abajo en mi cabezota.
Pocas veces tienes oportunidad de utilizarlo, y muchas de esas veces no lo haces porque tampoco está plenamente justificado. Hablar demasiado es algo con lo que llevo lidiando toda mi vida.
Tuvieron que pasar otros 12 años para que mi percepción del mundo cambiara. ¡Había sido una necia! (en palabras de los personajes ántes mencionados). Ayer mismo me sacaron de mi error. Después lo comprobé varias veces consultando diversas fuentes (¡hasta consulté un diccionario de verdad, de los de tapas, papel y palabras impresas con tinta!). Tenía que verlo con mis propios ojos. Sin embargo, está tan arraigado el error en mí, que suena extraterrestre. La frase es la misma de siempre, pero la intención me deja un extraño sabor en la boca. "La tormenta arrecia. La tormenta arrecia. Arrecia. Arrecia..." y así continuamente. Imagino que será cuestión de tiempo el que esta sensación desaparezca. Mientras tanto, el cuadro solo está algo torcido.

Según la R.A.E.:
Arreciar - Dar fuerza y vigor. Cobrar fuerza, vigor o gordura.Dicho de una cosa: Irse haciendo cada vez más recia, fuerte o violenta. Arreciar la calentura, la cólera, la tempestad, el viento.
Esto es lo que da de sí una palabreja. Puede que sea mucho, o incluso innecesario. Tal vez necesitaba justificarme ante el mundo por un error tan garrafal; realizar una rectificación proporcional. Quien lo sabe... ¡Cosas mas raras se han visto!.

No hay comentarios:
Publicar un comentario