Sí. Por
fin me he dignado a manejar mi propio blog. En menos de un nanosegundo, he pasado de ser una
internauta pasiva (lo que es meramente una esponja con patas, pantalla y ratón) a convertirme en activa colaboradora en esto que llaman
"La sociedad de la información" (lo mismo de antes pero también con teclado).

Alguno ya estará pensando que la estética está un poco vista y todo eso, pero mi elección del entorno del blog se basa más en lo siguiente:
ahorro de energía. Ya se que no está demostrado lo del ahorro de potencia con colores oscuros, pero es bonito pensar que contribuyes a algo tan grande solo con darle a un botón (si, si ya lo se; pero soñar es gratis y soy de Pucela:
De lo que no cuesta, llenemos bien la cesta). Además, el espacio
infinito es negro, y no hay nada más evocador que este vacío que absorbe todos los colores. Un lienzo sobre el que ir salpicando pequeñas estrellas, como sueños en la inmensidad de nuestra memoria (a veces más inabarcable de lo que deja ver la parte consciente y dominante del ser humano).
Veo que por fin has dejado de '
potar'. Bien, sigamos.
Por favor, no pienses que esto será un blog donde analizar el sentido de la vida o donde ponerte cursi o trascendente sea algo imprescindible; sin embargo, a veces es inevitable. Es cierto que por la forma de empezar no lo parece, pero en general soy bastante alegre; claro que para eso necesito estar inmersa en una conversación (2 personas mínimo) en la que mi cerebro pueda realizar conexiones absurdas y relacionarlas con el tema tratado (vamos, que se me vaya la pinza). Con el tiempo y un poco de suerte, conseguiré hacerlo sin ayuda, para el regocijo de mis familiares y amigos que respirarán por fin tranquilos al ver que me comporto como un ciudadano productivo de la sociedad (aunque solo sea en apariencia,
a ver quien es el listo que le niega eso a mis sufridos padres...).
Otra cosa que podrías notar es que en ocasiones parece que salen
corazoncitos a través de tus altavoces al leer esto. Si ocurriese, sería responsabilidad del que me produce tales desvaríos; es decir, mi niño. Llevamos mucho tiempo juntos y es inevitable que en ciertos momentos el regocijo me salga por las orejas, sin olvidarnos de las puntas de los dedos (lugar peligroso para ello si está cerca de un teclado plenamente operativo). Solo puedo prometer que intentaré contenerme.
A falta de
10 días para que comiencen mis exámenes en la
Universidad, posiblemente ésta sea la única entrada en los próximos 25
días. Después, tendré todo el tiempo del mundo para vomitar toda clase de
improperios contra esa
inútil y consumista fiesta
yankee importada de la noche a la mañana por algún ser perverso que permanece en el anonimato, evidentemente, por su propia seguridad. Por si no quedó suficientemente claro, me refiero a "San Valentín".